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      ECONOMIA    

   

Las pérdidas en cultivos y muerte de animales en el norte chico y el secano costero son la cara más visible, hasta el momento, de una emergencia que podría ser más dura en 2020. 

   
 

DÍAS antes de que el gobierno declarara en agosto a las regiones de Coquimbo, Valparaíso, Metropolitana y de O’Higgins zonas de escasez hídrica y emergencia agrícola -dramáticamente patente en el secano costero donde los animales están muriendo en lo que se encamina a ser el año más seco en lo que va del siglo-, una delegación de Fundación Chile sostuvo una ronda de reuniones con ministros, encabezada por su presidente y extitular de Economía José Ramón Valente, en la que presentó el documento “Transición hídrica: futuro del agua en Chile”, estableciendo como primer propósito priorizar el agua en la agenda pública.

El momento no podía ser más propicio. “En todos los ministerios hay una preocupación muy importante sobre lo que está ocurriendo, por el nivel de criticidad”, dice Ulrike Broschek, subgerenta de Sustentabilidad de Fundación Chile, quien participó de las reuniones y destacó el encuentro con la ministra del Medio Ambiente, Carolina Schmidt. “Ella planteó que este es uno de los temas que hoy se necesita abordar y no está resuelto”.

Según Broschek, la falta de lluvias en este tibio invierno en la Zona Central -apenas un cuarto del promedio- responde a una tendencia que se arrastra desde hace 15 años y donde los distintos gobiernos, pese a coincidir en diagnósticos, no han avanzado en planes integrales de mediano y largo plazo, como sí ha ocurrido, por ejemplo, con la descarbonización de la matriz energética, lo que dificulta enfrentar los enormes retos inmediatos que demanda la sequía. “Debiésemos haber contado ya con las medidas instaladas; reservas de agua y los sistemas de distribución para poder abastecer y un plan de acción de corto, mediano y largo plazo. Eso no existe”, advierte la especialista.

De acuerdo con el último informe mensual de hidrología de julio 2019 de la Dirección General de Aguas (DGA) del Ministerio de Obras Públicas (MOP), el volumen acumulado de los embalses respecto a sus promedios presenta un déficit del 38%. Los embalses dedicados exclusivamente al riego y los de generación, ubicados preferentemente en la zona sur, muestran un volumen acumulado mayor a sus promedios históricos, 9% y 12%, respectivamente. “En cambio, el volumen en aquellos de uso mixto se encuentra a un 59% de su promedio”, indica Óscar Cristi, director de la DGA.

El panorama ya es complicado, pero el escenario amenaza con agravarse. El próximo año será clave y los ojos ya están en 2020.

“Nos encontramos ad portas de la temporada de riego 2019-2020, y con la información que disponemos de nuestros informes de hidrología entre agosto del 2018 y julio de 2019, tenemos claro que la situación será más compleja que el año pasado, pero no se encuentra en riesgo el abastecimiento de agua para el consumo humano, con excepción de algunos sectores rurales con los cuales se está trabajando”, agrega Cristi. Los decretos de escasez hídrica, de una vigencia de 6 meses, explica, permiten generar acuerdos para la redistribución de aguas, establecer criterios y delimitaciones para las autorizaciones. El 24 de septiembre la DGA tendrá el Informe de la Situación Hídrica de Chile, que incluye el pronóstico para las cuencas desde Copiapó y hasta Ñuble, entre septiembre y marzo.

La situación en valles y cerros alejados de centros urbanos es dura. En los últimos cuatro años, la superficie plantada de cultivos ha caído un 15%, 113.000 hectáreas menos, según Odepa. Solo en la última temporada, el descenso ha sido de un 11%, con una contracción de un 18% en la producción.

Impacto económico

En este contexto, los economistas ya advierten sobre los efectos que se anticipan tanto en la inflación como en el crecimiento del PIB, que no consigue repuntar pese a las bajas tasas de interés y los programas de reactivación impulsados por el gobierno.

“Aparecen riesgos importantes de alzas de precios de bienes agrícolas, especialmente en hortalizas, hacia los primeros meses de 2020, cuando es posible que se haga más patente la falta de agua. En términos de actividad, el efecto sobre el crecimiento en agricultura podría ser importante. Esto contempla impactos negativos en cultivos tradicionales así como en la fruticultura hacia la próxima temporada de cosecha. También veríamos efectos sobre el sector eléctrico. Menor disponibilidad de agua lleva al uso en mayor proporción de generación termoeléctrica, cuyo valor agregado es menor”, estima Sergio Lehmann, economista jefe del banco Bci.

Nathan Pincheira, economista de Fynsa, coincide en que por el momento no se advierten efectos directos por la sequía en las variaciones del Índice de Precios al Consumidor (IPC), pero evidentemente existe un sesgo alcista. “Estos sesgos se ven reflejados especialmente en la división de alimentos, particularmente frutas y verduras frescas. En años pasados que fueron particularmente secos, vimos incidencias realmente importantes (casi 1 pp), aunque las mayores las hemos visto por lluvias o heladas que ocurrían en primavera, particularmente en época de floración”, señala Pincheira, quien proyecta una inflación de 2,8% en 2019. “En actividad, quizás veamos algo en los meses de verano, aunque hay que entender que el peso relativo de estas actividades ha venido disminuyendo versus otras como los servicios”, agrega.

Un análisis del Departamento de Estudios del Banco Santander revela que los años de bajas precipitaciones pueden afectar a la economía mediante su impacto en sectores intensivos en el uso de agua, como el agrícola o la producción de energía, aunque la diversificación de la matriz ha implicado que no se observe un efecto en el segundo. “El análisis de los niveles de producción del agro en los ejercicios que siguen a un año de sequía dan cuenta que éste crece en torno al 6% menos comparado con un año normal. Considerando que el sector representa un 3% de la producción total del país, el efecto podría significar hasta 0,2 pp menos de crecimiento del PIB total. El impacto podría ser menor en la medida en que la tecnificación del riego permite al sector agrícola gestionar de mejor manera los recursos hídricos en períodos de escasez”, sostiene Banco Santander en el análisis.

El agro, el más golpeado

Hay coincidencia en que el agro recibe el impacto directo, pero no solo por los cultivos; hoy los animales se están muriendo. En 2007, las cabezas de ganado bovino a nivel nacional superaban los 3,4 millones según registros de Odepa; diez años después, en 2017, el dato ya era de medio millón menos. Y el número seguiría a la baja.

“Actualmente se observan y prevén graves pérdidas por la muerte masiva de animales en zonas de secano”, afirma Francisco Gana, jefe de Estudios de la Sociedad Nacional de Agricultura (SNA). “Probablemente, algunas hortalizas se verán muy afectadas, así como los cultivos anuales. Estos cultivos posiblemente se transformarán en el ‘colchón’ de los agricultores, para poder reservar y disponer de la suficiente agua para los cultivos permanentes como son frutales y empastadas”.

Ronald Bown, presidente de la Asociación de Exportadores de Frutas de Chile AG (Asoex), afirma que es difícil en este punto entregar pronósticos de volúmenes que pudieran ser afectados por la sequía, ya que la temporada recién está por comenzar. “Obviamente, si esta situación se mantiene, puede provocar algún tipo de daño sobre la producción, sobre todo en cuanto al calibre de la fruta”, dice Bown. “La sequía, así como el cambio climático también están incidiendo en que la industria deba implementar mayores tecnologías para mitigar su impacto”.

Desde el turismo a la minería

Unos delgados manchones de nieve se observan por estos días sobre el terreno pedregoso en los centros de esquí más próximos a Santiago: La Parva, Farellones, El Colorado y Valle Nevado, por lo que este imán para los turistas nacionales y extranjeros -en especial brasileños- ha sido opacado. “La falta de lluvia y nieve en la cordillera obviamente nos afectó en parte a Santiago, porque no vienen extranjeros que antes viajaban a los centros de esquí”, dice Alejandro Hughes, vicepresidente del directorio de Hoteleros de Chile y gerente general del Hotel Kennedy. De acuerdo con los cálculos de Hughes, este invierno en el sector hubo entre un 10% y un 20% menos de visitantes provenientes del extranjero, en parte por la falta de nieve, pero también por la crisis en Argentina, que ha afectado a la industria turística chilena sobre todo este año.

La sequía también es mirada con preocupación por la minería, especialmente en los yacimientos en la cordillera de la Zona Central, y ha obligado a tomar cartas adicionales.

“El análisis de la cobertura de los requerimientos hídricos para las operaciones en el corto plazo indica que ante ciertos escenarios desfavorables podrían verse afectadas las producciones de las Divisiones Andina y El Teniente, dada la evidencia de una importante reducción de las precipitaciones durante el año 2019”, señala Codelco. “Ante esta realidad, la Corporación prepara un plan de acción para evitar que la actual sequía afecte la producción de estas divisiones. Las acciones se centran, principalmente, en extremar nuestras medidas de ahorro aumentando la tasa de recirculación de agua y optimizando los controles de nuestros procesos para evitar mermas”.

Joaquín Villarino, presidente del Consejo Minero, afirma que considerando que la gran minería opera en zonas áridas en el norte del país y que además se enfrenta a los efectos del cambio climático -como la sequía en la Zona Central del país-, la gestión eficiente de los recursos hídricos es y será una materia de suma importancia en la industria. Y pone como ejemplo a Los Bronces -principal operación de Anglo American en Chile- que desarrolló un Sistema de Agua Recirculada que permite reutilizar los recursos hídricos. “De ese modo, se disminuye el consumo de agua fresca por tonelada de mineral tratado, garantizando el abastecimiento hídrico de la mina sin afectar a terceros”, señala Villarino.

Por su parte, a nivel de las sanitarias, Aguas Andinas, la mayor empresa del país, cuenta con un plan de inversiones por US$ 160 millones -que busca evaluar cuáles son las condiciones de la cuenca de Santiago, y los proyectos necesarios para robustecer infraestructura y fuentes más allá de los estándares normales-, pero el impacto del cambio climático ha obligado a revisarlo. “Hoy estamos trabajando en una nueva actualización de este plan, donde destinaremos recursos extraordinarios en el corto plazo, con acciones como nuevos sondajes y plan de eficiencia de redes. Asimismo, resulta imprescindible estudiar opciones como la reutilización de aguas servidas que se tratan en nuestras plantas especialmente diseñadas para ello”, afirma Alberto Blanco, director de Planificación Sustentable, Infraestructura y Tecnología de Aguas Andinas.

Sobre la posibilidad de que, de agravarse la sequía, pudiera haber en 2020 algún tipo de restricción en el abastecimiento de agua potable en la Región Metropolitana, Blanco afirmó: “Hoy estamos enfocados en buscar todas las soluciones, incluso, nuevas alternativas que impedirán interrupciones en el suministro en el corto plazo, pero esto debe definirse teniendo en cuenta múltiples factores, como la cantidad de lluvia caída y el consumo, por lo que no es posible proyectarlo a más a largo plazo”.

 

 
 
   
 
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